RELATOS
FRANCAMENTE, FRANK
RICHARD FORD
(Anagrama - Barcelona)
Tanto en las novelas como en los relatos, Richard Ford administra con ojo hábil los recursos y las piezas del artificio literario. Maneja las reglas de la ficción para componer un campo minado donde se percibe el perfil desahuciado del norteamericano desencantado. En los relatos que conforman Francamente, Frank, Ford escribe una radiografía implacable de cuatro seres infradotados para la felicidad. Como un novelista perfecto, construye un atalaya desde el que se puede ver en perspectiva el horizonte de la perdición. Ford mide el tiempo como moneda vital y literaria y reflexiona sobre la vejez y la muerte.
La prosa de Ford es escueta y lírica. Sujeta a los vaivenes del yo, la escritura está al servicio de ese personaje cínico que es Frank Bascombe. Los rodeos, la perspectiva ácida, la mirada cruda, la voz susurrante y sinusoidal: todo esto es Frank. Lo que el lector ya había leído en la clásica trilogía de novelas de Ford, lo encontrará con un plus fundamental: Bascombe es un anciano y su voz zigzaguea como el susurro de Yorick frente a la tumba. Más cerca de la mirada escéptica que de la del estoico, Bascombe siente que el fin es un revólver, una furia silenciosa que lo ataca por la espalda.
Método Ford
El libro se compone de cuatro historias levemente entrelazadas. Aunque cada una es autónoma, las une una frase y una serie de hechos en el tiempo. En la primera historia, Frank recibe el llamado de un ex cliente. Arnie le ha comprado una casa. Un hecho crucial motiva la llamada: un huracán ha destruido cientos de construcciones en la zona costera. Arnie quiere vender su propiedad y necesita el consejo de Bascombe. Parados al frente de la huella absurda de la destrucción, hablan de cuestiones triviales. El método Ford se materializa en su máxima expresión. Mientras dialogan sobre los pormenores de la rutina, Frank observa el intento malogrado de Arnie de cambiar su rostro con una operación estética. El lector siente el fracaso como un martillo invisible que golpea a los personajes.
En la segunda historia, Bascombe recibe la visita inesperada de una mujer negra. Bascombe recita el pensamiento racista de los blancos de New Jersey. La negra le cuenta su vida anterior en la casa. El relato se introduce de a poco en una zona oscura, ligada al pasado y funciona como un embudo simbólico y reflexivo. La tercera narra el encuentro de Frank con su ex esposa en un geriátrico. En ese marco, Bascombe recuerda los detalles del amor perdido.
El cuarto episodio se relaciona con el hallazgo inesperado de un antiguo amigo. Eddie ha participado en el grupo de los divorciados y comparte con Frank el fracaso matrimonial. Como un solitario empedernido, Frank posterga el encuentro y aduce, cínico y procaz, el nulo deseo de tener amigos.
Abismo
¿Cuál es la materia de la vida? preguntan los historias. Como si fuera un Shakespeare destemplado y melancólico, Ford pone en boca de un Hamlet escéptico el dilema del sentido de la vida. Pero su filosofía no es una ontología superficial sino un río turbio que se filtra en las rendijas de la vida contemporánea.
Si bien los libros no son autobiográficos,W guardan en un cofre cerrado la mirada irónica, ácida y melancólica de su autor. Para Ford, la existencia misma contiene un abismo. Francamente, Frank es un recorte en la existencia de Bascombe y funciona como una sinécdoque posterior, a destiempo, de los rasgos centrales de su obra.
© LA GACETA
FABIÁN SOBERÓN